SIPCA
Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés
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A partir del 14 de octubre iniciamos la que va a ser nada menos que nuestra décima temporada de colaboración en el espacio cultural "La torre de Babel" de Aragón Radio, dirigido y presentado por Ana Segura. Como en años anteriores, la colaboración de...
La casa Barberán es uno de los principales edificios civiles de Caspe. Realizado a principios del siglo XVII, probablemente en 1627, combina el lenguaje barroco con elementos renacentistas.
Fue erigida sobre un solar que presenta un fuerte desnivel, por lo que la entrada posterior se realiza a la altura de la entreplanta de la planta baja.
Su fábrica es de sillar y consta de tres plantas: la baja, la noble y el ático, que han sufrido muchas modificaciones en su distribución espacial interior, especialmente tras la rehabilitación del edificio para convertirlo en Casa Cultural de la Villa. La fachada principal presenta un aspecto simétrico, que no se corresponde con la primitiva fachada de la casa, que era asimétrica.
La planta baja cuenta con tres puertas simétricas en el eje de los huecos de plantas superiores, que daban acceso a locales comerciales.
La planta noble, cuyo aspecto original se mantuvo en las sucesivas transformaciones, es destacada exteriormente por medio de tres balcones, de los que el central es el de mayor tamaño, diferenciándose además de los laterales por presentar su vuelo recto frente al curvo de estos últimos. El balcón central presenta jambas a modo de columnas compuestas, sobre sendos basamentos de forma convexa; estas jambas sostienen un entablamento y frontón curvo partido, terminado en volutas, mientras que los balcones laterales se coronan con frontón triangular apoyado sobre cartelas, albergando el centro del tímpano una concha gallonada, motivo presente en otras edificaciones caspolinas.
De nuevo una imposta separa esta planta de la planta superior, en la que se abren tres vanos adintelados, enmarcados por jambas que sostienen un arquitrabe sobre el que apoya una concha gallonada flanqueada por dos remates piramidales en los extremo
.La fachada se remata con un alero de madera muy volado, sobre una imposta corrida decorada con 21 modillones.
En su interior la casa Barberán pertenece a la tipología de planta articulada en torno a una escalera central, organizando sus estancias en planta baja (posteriormente dividida en baja más entreplanta), planta noble y planta superior o ático.
La escalera de acceso a las plantas superiores se encuentra en el centro, y presenta cuatro tramos, destacando la barandilla de hierro forjado y las molduras horizontales con escudos en las esquinas que aparecen en el remate de la escalera.
Esta, que posee iluminación cenital, da acceso a la planta noble mediante una puerta sobre la que aparece una gran concha gallonada. La planta noble presenta diversas salas de gran tamaño cuyas paredes se decoraban con pinturas murales, y que conservaban interesante carpintería en puertas y ventanas.
La parte posterior de la planta noble se prolonga mediante un ala donde se ubica una estancia cuadrangular destinada a capilla, cubierta por una cúpula sobre pechinas, decorada con pinturas la primera, y con escudos coloreados en las segundas; la iluminación de esta capilla tiene lugar a través de una linterna que remata la cúpula.
La planta superior de la casa alberga una serie de estancias de escasa importancia, que han sufrido notables transformaciones a lo largo del tiempo.La más importante modificación que sufrió el espacio interior de Casa Barberán consistió en la compartimentación de la planta baja original con la colocación de un forjado que dio lugar a la creación de una entreplanta, reservando la planta baja resultante para alojar locales comerciales.
La escalera original también sufrió transformaciones para la adaptación del edificio a su nuevo uso, destacando el añadido del último tramo para comunicar la planta noble con la superior, inexistente en un principio, y que sería suprimido para sustituirlo por una escalera secundaria, tal como era en un principio.
El siglo XVI es la época dorada de la escultura aragonesa y en ella brilla con luz propia el valenciano Damián Forment, considerado como uno de los escultores claves del período debido a múltiples factores como su virtuosismo en la talla, su habilidad para diseñar complejas y armoniosas composiciones repletas de figuras y su capacidad de aprendizaje, que le permitió evolucionar desde su inicial formación gótica hasta la paulatina incorporación de influencias italianas, convirtiéndole en uno de los introductores del Renacimiento en España.
Jesús Vázquez ObradorSabiñánigo, Comarca del Alto Gállego, 2002